Ciencia y entrenamiento

Jun 16th, 2013

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Category: Curiosidades

Ciencia y entrenamiento

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Hoy en día podemos encontrar información sobre cómo ganar músculo y cómo conseguir quemar grasa en cualquier parte… Sin embargo, debemos de tener en cuenta que en ocasiones, el exceso de información puede llegar a ser incluso peor que la falta de la misma, ya que la gran mayoría de las opiniones relacionadas con el entrenamiento, la nutrición o la salud carecen totalmente de sentido o no están sustentadas sobre ninguna base lógica. Hablando claro… La mayor parte de ese tipo de opiniones es una completa pérdida de tiempo ya que son poco menos que inútiles.

En nuestro artículo de hoy, desde Entrenador personal Pamplona – Fitness Pamplona, profundizaremos sobre hasta qué punto este tipo de “conocimiento” establecido posee validez o nos puede resultar de alguna utilidad.

¿Cómo saber hasta que punto una información es útil?

Un año, el consumo de carne roja puede curar el cáncer. Para el año siguiente, debemos evitarla a toda costa porque, causa cáncer… ¿Te resulta familiar?

Por lo general, cada cierto tiempo es habitual encontrar en revistas, blog o periódicos algún artículo ensalzando los increíbles beneficios de ciertos alimentos, suplementos o sistemas de entrenamiento… para una semana más tarde, leer otro estudio en el cual se argumenta que el mismo elemento es totalmente inútil o incluso perjudicial para la salud.

Una gran parte de culpa de esto, la tienen los medios de comunicación. No debemos olvidar que el objetivo principal de periódicos, revistas, blogs, etc. no es otro que incrementar el número de sus lectores y esto es muchísimo más fácil de conseguir con un titular del estilo “Los huevos engordan” o “Añade dos centímetros a tus bíceps en un día” en vez de un titular donde se reflejen detalladamente los resultados la metodología y las características del estudio sobre el que se sustenta (suponiendo que haya alguno, lo que ya de por sí es raro).

Debemos de tener mucho cuidado con la información a la que prestamos atención. Por lo general, existen diferencias relativamente importantes en la manera en la que se realizan los diferentes estudios “científicos”, de las cuales, la gran mayoría ha sido excluida o simplemente ignorada a la hora de publicar cualquier tipo de conclusión, lo que explica por qué los diferentes ensayos parecen obtener todo el tiempo resultados extremadamente contradictorios.

Esto no es debido a que la investigación avance constantemente, como a mucha gente le gusta creer, los avances científicos verdaderos son muy raros, y el progreso, a menudo, se produce de manera bastante lenta. Cuando nos encontramos un estudio que parece contradecir todos lo demás, por muchos beneficios que prometa debemos de contener nuestra euforia y ser capaces de pararnos y analizar hasta qué punto los nuevos resultados están a la altura de las investigaciones previas sobre el tema.

La única manera de cortar a través de la sobrecarga de información y protegerse de ser estafado por el bombo de la comercialización es la aptitud para aprender algunos de los conceptos básicos acerca de cómo descifrar la investigación científica.

Simplemente con investigar un poco, podremos decidir si el artículo de una revista, anuncio de televisión o artículo sobre la dieta y el ejercicio es correcto o no.

Muchos de los estudios a los cuales se hace referencia en revistas, periódicos o internet son de dominio público, bien de forma totalmente gratuita, o bien, mediante un pequeño pago por descarga.

(Cuando quieras buscar información relativamente fiable, desde Entrenador personal Pamplona – Fitness Pamplona, te recomendamos Google Académico. Google Académico es un buscador de Google especializado en artículos de revistas científicas, enfocado en el mundo académico, y soportado por una base de datos disponible libremente en Internet que almacena un amplio conjunto de trabajos de investigación científica de distintas disciplinas y en distintos formatos de publicación.)

Profundizar a través de este tipo de estudios puede parecer una tarea desalentadora, sin embargo realmente no lo es tanto, basta con aplicar el sentido común y un poco de pensamiento crítico…

Alguna de las preguntas que pueden ayudarte a profundizar sobre los mismos son las siguientes:

¿La investigación está financiada por una empresa que tenga un interés económico en el resultado del mismo?

Cada estudio que leemos es pagado por alguien. El hecho de que un estudio haya sido financiado por una empresa con un interés personal en el resultado no significa que necesariamente debamos ignorarlo, sin embargo, debemos de ser conscientes de que es una información que no deberemos creer a pies juntillas, especialmente si se trata de suplementos (que suele ser lo más habitual).

¿Crees que un fabricante de proteína en polvo va a publicar un estudio donde se diga que la proteína es perjudicial para la salud o que diga su marca es peor que otras? Evidentemente no.

¿Cuál fue el grupo de los sujetos de prueba? ¿Cuántos individuos lo componían? ¿Era una muestra suficientemente representativa?

Algunos estudios sobre entrenamiento de fuerza que afectan a grupos sedentarios o de edad avanzada muestran grandes ganancias en la fuerza. Varios cientos de por ciento en algunos casos. Esto puede sonar realmente impresionante. Pero es posible que estos enormes avances se hayan producido en individuos cuya fuerza en press de banca mejoró de 15 Kg. a 30 Kg. con lo cual a pesar de esta enorme mejora, se podría considerar que siguen siendo relativamente débiles.

Por ejemplo, si cogemos a un principiante sobrepeso y conseguimos que coma menos y haga más ejercicio, es prácticamente seguro que va progresar rápidamente, independientemente del programa que siga, pero eso no significa que los resultados sean extensibles a alguien con unos cuantos años de entrenamiento a sus espaldas.

Es importante ver sobre cuanta gente se ha realizado el estudio y las características de los mismos antes de poder extraer algún tipo de conclusión válida.

¿Se ha controlado el estudio adecuadamente?

Para los estudios que analizan suplementos alimenticios, bebidas deportivas, barras energéticas, etc. la manera más efectiva de realizarlos es lo que se conoce como doble ciego y el empleo de placebos.

Un placebo es un “falso” suplemento que se utiliza para reducir la influencia de la fe y la creencia en el tratamiento de los resultados de un estudio.

Mediante doble ciego que ni el investigador ni el sujeto sabe que suplemento o medicamento que está recibiendo. Si alguna persona lo sabe, en función de la opinión o la creencia que tenga acerca del producto, al igual que el efecto placebo esto también puede desvirtuar por completo los resultados.

¿Mediante qué protocolo se ha realizado el estudio?

Hay tres tipos de experimentos que generalmente se hacen para evaluar la posible relación entre la dieta y la salud.

El primero de ellos son los estudios metabólicos, en los cuales los investigadores tienen un control absoluto sobre la dieta de los sujetos durante varios días o semanas consecutivas. Estos se utilizan para determinar si un determinado nutriente, alimento o dieta afecta a ciertos biomarcadores, tales como los niveles de colesterol, creatinina, etc.

El problema aquí es que estos estudios rara vez imitan la vida real y por lo general no son lo suficientemente largos para decirnos cómo la dieta afecta a nuestra salud a largo plazo.

En el otro extremo del espectro experimental son estudios observacionales, en los que un gran número de sujetos sanos se recluta y se registra lo que comen durante meses o años.

Desafortunadamente, este tipo de estudio por lo general tiene una miríada de factores de confusión que no siempre se miden. En pocas palabras, estos son los factores ocultos que varían entre los grupos y que los científicos pueden atribuir a otras variables a medir.

La relación entre la dieta y las enfermedades del corazón, por ejemplo, siempre es un tema controvertido. Los grandes estudios pueden mostrar una asociación o vínculo entre varios nutrientes en la dieta y un aumento o disminución en el riesgo de enfermedades del corazón…Pero la asociación no implica necesariamente causalidad.

Por ejemplo, algunos estudios muestran que las personas que ven la TV por más de cuatro horas al día tienen más probabilidades de ser obesos que los que ven la televisión durante menos de una hora.

¿Significa esto que la televisión está haciendo que acumules grasa? ¿Están implantando las emisoras mensajes subliminales en sus programas para obligarnos a comer más?

Si fuésemos unos teóricos de la conspiración, la respuesta sería probablemente sí, sin embargo, resulta mucho más probable, llegar a la conclusión de que el tiempo que dedicamos a ver la televisión sustituye al tiempo que dedicamos a realizar actividad física, y es esta caída en la actividad física, en lugar de la propia TV, la principal responsable de la ganancia de peso.

En otras palabras, existe cierta relación entre las horas dedicadas a ver la televisión y la cantidad de peso ganado. Pero uno no es necesariamente la causa del otro.

Hay ajustes estadísticos que se pueden aplicar a un estudio si se mide un factor de confusión. Sin embargo, son raras las ocasiones en las que se miden todas las variables de confusión, o incluso en las que llegan a identificarse.

Por último, tenemos el ensayo de intervención aleatorizado “estándar de oro”. En este tipo de estudios, los cuales son generalmente muy caros y, como consecuencia muy raros, se le pide a un grupo de sujetos que modifiquen algún aspecto de su dieta, como por ejemplo, comer menos grasa, o más fruta (grupo de intervención), mientras que al otro grupo se le dice que continúen comiendo de acuerdo a su rutina habitual (grupo de control).

Al final de la prueba, los resultados se analizan para ver si hay alguna diferencia en el número de casos de una determinada enfermedad en el grupo de intervención en comparación con el grupo de control.

Uno de los grandes problemas de este tema es grado de cumplimiento. Al comienzo del estudio, los sujetos en el grupo de intervención son por lo general muy conscientes de su dieta sin embargo, a medida que avanza el estudio, tienden a “despistarse”, mientras que, por otro lado, el grupo de control, también puede cambiar sus dietas voluntariamente en respuesta a influencias externas no controlables…

El cambio de un ingrediente dietético también puede derivar en cambios sobre determinados factores que afecten al resultado del experimento. Si los sujetos redujeron su consumo de grasas, por ejemplo, sin hacer ningún otro cambio en su dieta, su consumo de calorías va a bajar y van a bajar de peso.

Así que incluso si vemos que este grupo tuvo una reducción de un biomarcador de cierta enfermedad, no se sabe muy bien por qué. ¿Fue debido a que redujeron su ingesta de grasa, reducjeron su consumo de calorías, o fue porque bajaron de peso?

¿Y si hiciésemos que las personas mantengan su peso mediante la sustitución de la grasa por otros nutrientes, como por ejemplo, proteínas? Tampoco sabremos si realmente ha sido la disminución de la grasa o el aumento de la proteína lo que ha sido responsable de los resultados…

Debemos estar dispuestos a aprender

El conocimiento está en constante cambio y evolución. Así que cada cierto tiempo existe una gran posibilidad de que encontremos algún tipo de estudio o publicación que desafíe nuestras opiniones actuales.

Cuando esto sucede, la gran mayoría de las personas optan por ignorarla, o simplemente reinterpretar la evidencia de una manera compatible con sus creencias iniciales. Esto es debido a un fenómeno conocido como sesgo de confirmación. El sesgo de confirmación significa que somos más propensos a prestar más atención a las cosas que confirman y refuerzan nuestras creencias actuales que las que no lo hacen, del mismo modo que también tendemos a ignorar o dar menos importancia, a la información que contradice algo que ya creemos que es cierto.

Nuestra tendencia natural es la de prestar la mayor atención a las personas que están de acuerdo con nosotros, de esta manera, al reafirmar las opiniones que ya tenemos, se incrementa nuestra sensación de certeza. Como resultado, invertimos la mayoría de nuestro tiempo en la búsqueda de información que apoye nuestras opiniones actuales…

Debemos de ser conscientes de que no hay nada malo en cambiar de opinión, en ocasiones puede resultar difícil aceptar que nos hemos equivocado, pero hemos de tener en cuenta que esto simplemente significa que hoy sabemos algo más que ayer.

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